miércoles, 15 de julio de 2009

> LA ÚLTIMA CASA A LA IZQUIERDA (1972)


"Se alquila casa incómoda, ruidosa, a mano izquierda y a precio de risa." Este podría ser el anuncio por palabras de la casa que Craven y sus compinches construyeron sin muchas pretensiones a principios de los 70. Les habían encargado una peli de relleno para programas dobles y, con osadía juvenil y muy poca vergüenza, se les ocurre hacer una película que fuera como un puñetazo en la cara al público desprevenido. La cosa fue un exitazo, se exportó a todo el mundo, y se convirtió en genuina cult-movie. Más de 35 años después, seguimos hablando de ella.


Que una película sea voluntariamente incómoda de ver hoy puede parecernos poca cosa, se hacen anuncios publicitarios con esas intenciones y hasta películas para niños como TRANSFORMERS 2, pero en 1972 no era algo habitual, ni siquiera en los márgenes de la exploitation más cafre. Lo que hacían Friedman y Gordon Lewis podría ser gore, pero era puro entretenimiento con un fondo de comedia. La opción de Craven es hacer algo desagradable, ofensivo, casi inmoral, algo brutalmente en contra del espectador, "¿puede una película llegar tan lejos?" se preguntaba la publicidad. Su intención no era otra que llamar la atención, cierto, pero lo interesante es que dieron la vuelta a los mecanismos del horror como género y pusieron a la audiencia en un exasperante compromiso.

Para hacer las cosas aún más confusas, la película está repleta de humor, a veces estúpido, a veces cínico, que hace replantearnos constantemente la ética del film. ¿Es una película moralista o es una burla? El humor más cínico actúa principalmente contra las dos familias, la de Mari y la de Krug, dos opciones de familia que Wes Craven parodia con saña. La presentación de la familia de Krug, con esa voz en off que relata crímenes hiperbólicos absurdos (matan a curas y monjas, violan residencias enteras de chicas retrasadas...) les convierte en una versión bufa de la familia Manson. Y la familia de Mari, preparando la tarta y la fiesta de cumpleaños con música de sitcom barata, nos sugiere otro prototipo también ridículo de familia americana. Uno llega a pensar que el verdadero demonio de la película es la familia, como Craven dejaría claro después en LAS COLINAS TIENEN OJOS. La música es otro instrumento de cinismo fundamental, en numerosas ocasiones ironiza sobre las imágenes, como esa canción que suena cuando llevan a las chicas secuestradas en el coche, un poco al estilo BONNIE AND CLYDE (1967). Y ya puestos a desafiar instituciones, la pareja de policías patosos pone la nota slapstick, y sobre todo, convierte la violación de Mari en una experiencia de las más crueles y moralmente perversas para el espectador, que se debate durante media hora entre la risa tonta y la indignación.

Ese es el dilema que LA ÚLTIMA CASA propone por primera vez al público, aficionado o no al cine de terror/exploit: ¿por qué estás viendo esta película? ¿no es cutre, sucia, enfermiza, burda e incómoda? ¿no está MAL? ¿de qué te ríes? ¿acaso la estás... DISFRUTANDO? Craven introduce, con muy mala leche, a la audiencia en la propia ética del film, haciendo que su visionado, tan desagradable como los hechos que muestra, sea puesto también en tela de juicio. Si nos quedamos hasta el final de la película, nosotros también somos cómplices, y también seremos juzgados. Con esta maniobra, Craven politiza claramente el film, y de un plumazo, acusa a todo el cine de terror o violento "formalmente correcto" de reaccionario o, cuando menos, de ética sospechosa. Y es que en la mente de Craven se cocía ese mismo dilema desde que las televisiones de la época comenzaban a mostrar las horrendas imágenes de la guerra de Vietnam, algo que ocurría por vez primera en EEUU. La violación de Mari está rodada de esa forma, incluso con el mismo tipo de película que se utilizaba en los noticiarios de guerra de Vietnam. Todo el film está empapado de ese sentimiento de culpa, pesimismo y desmoralización que invadía el país, y al mismo tiempo de una incipiente madurez progresista post-hippie, todavía situada a la izquierda.

Se podría discutir mucho sobre la política de LA ÚLTIMA CASA, y sobre el contraste de una publicidad radical y estúpidamente conservadora ("el gran número de padres que llevan a sus hijos a ver la película es demostrativo de que su auténtico significado está siendo considerado de manera apropiada") –cortesía de la distribuidora, todo hay que decirlo– y unas imágenes que aluden (como Adam Lowenstein ha apuntado en "Shocking representation") a las protestas estudiantiles de la época. Se podría hablar sobre la confusión entre realidad y ficción, entre documental y cine ("esto es sólo una película, sólo una película...), pero esto es sólo un blog y ya me está quedando muy largo. Simplemente añadir que si le damos la vuelta a todos los argumentos anteriores, obtendremos una muy buena aproximación a la crítica que haría de la versión 2009. Es lo que se llama una crítica reversible.

5 comentarios:

Robert Monell dijo...

I went to see this on its opening night in 1872. There were only about 3 or 4 other people in the theater. Craven was an unknown back then. I thought the film was dreadful, made by someone with no talent whatsoever. In fact, the other patrons left before the end, leaving me alone in the cinema.

What can you say? If Wes Craven never existed would I give a damn?

Jackeline dijo...

Hola
Estuve visitando tu Blog y está excelente, permíteme felicitarte.
Sería un gusto contar con tu blog en mi directorio y estoy segura que para mis visitas será de mucho interés.
Si lo deseas no dudes en escribirme a jackelinesilvajauregui@hotmail.com
Exitos con tu blog.
Un beso
Jackie

aleXz dijo...

Gracias Jackie!

That's the point of the review, Robert. The film is dreadful, ugly and nasty, to the point that viewers who stay until the very end are somehow accomplices of it, making you wonder if you enjoyed it and why. Just like the awful Vietnam war footage on TV of that time. I love the film, I think it is the next step in contemporary horror since Romero's NOTLD.

Alvy Singer dijo...

Buenísimo. A partir de esta y de Bonnie & Clyde nos debe usted un ensayo sustancioso, sustancioso. Estaba llegando a un lugar muy pantanoso y espeso al que el cine llegó hace unos años.

Harry Reems dijo...

Hombre, no habría estado mal que mencionaras que esta película es un "remake" en toda regla de "El manantial de la doncella" de Bergman, cosa confirmada por Craven.

Así podrías hilar el tema del remake de 2009 (la original es un remake de otra cinta, pero hecho de forma inteligente: tomando el argumento y algún otro aspecto de la peli en la que se basa y transformándolo todo en un obra con entidad propia, como hace Tarantino en algunos de sus films, todo lo contrario que hace el remake de 2009 que no es más que basura).

Pero en cualquier caso, unos comentarios muy acertados los que haces sobre este film.

Por cierto, me encanta el blog, ya era hora de que hubiera algo así en español, que todo lo que hay sobre exploitation en sentido estricto es en inglés y, a veces, me da mucha pereza leerlo. Que se note que también hay afición a este cine fuera de USA.

Un saludo!